La Odisea de Christopher Nolan acaba de llegar a los cines y, batallas y aventuras aparte, la epopeya griega más famosa de la historia, compuesta en el siglo VIII AC está plagada de referencias culinarias. Algunas, como las flores de loto, suenan lejanas y extraordinarias; otras, como el vino, el queso o la miel, son mucho más cercanas.
Pero hay un alimento que nos resultará especialmente familiar para América Latina, es particular México, ya que se trata de la rellena, también llamada morcilla en España.
Tal y como recoge el Libro Guinness de los récords, “la primera referencia documentada a alimentos elaborados con sangre se encuentra en la Odisea de Homero”. Esta mención aparece, en realidad, en varios momentos de la obra.
En el Libro Guinness se refieren a un fragmento del canto XX en el que Ulises —u Odiseo—, ya de regreso en Ítaca, da vueltas en su lecho, inquieto porque aún no sabe cómo se va a enfrentar a los pretendientes de Penélope que se han hecho con el control del palacio durante su larga ausencia: “él mismo agitábase en dudas: cual varón que ante el fuego da vueltas de un lado y de otro a una tripa repleta de grasa y de sangre que quiere, pronto asada, tener por entero”.
En el canto XVIII, ya se menciona este alimento cuando Antínoo, el más malvado de estos pretendientes, dice: “hay allá junto al fuego unas tripas de cabra, embutidas de manteca y de sangre”. Este producto sería un claro antepasado de la morcilla, que hoy se elabora, por lo general, con tripas de cerdo o de vaca.
Volviendo a la Antigua Grecia, esa morcilla primigenia de la Odisea y otros embutidos existirían, según la leyenda, gracias a uno de los Siete Grandes Cocineros Griegos: Aftoneto. Lo contaba la escritora Irene Vallejo en El infinito en un junco: “Invadidos como nosotros por la fiebre culinaria, anticiparon la Guía Michelin elaborando su propio palmarés gastronómico. Encontramos una lista de los Siete Grandes Cocineros Griegos en un curioso ensayo del siglo II titulado Deipnosofistas”.
En este ensayo de Ateneo De Naucratis, que en español lleva por título Banquete de los eruditos, se cuenta que cada uno de estos siete cocineros tenía una especialidad —la de Eutino eran las lentejas, la de Agis de Rodas era asar pescado...— y la de Aftoneto, el embutido o las salchichas.


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